¿Tus emociones te hacen engordar?

18/01/2018
No dejes que tus emociones dominen tu estómago.

Llegas a casa después de haber pasado un día de mierda. Lo único que te apetece es abrir la nevera y arrasar con todo lo que hay dentro. Nada sano, obviamente. Además, son muchas las veces en las que tu mente solo piensa en comer, sobre todo cuando
atraviesas una mala racha, y es por ello que tu cuerpo empieza a ensanchar de una forma en la que nunca te habías visto. Estás engordando y hay un motivo que quizás desconoces: eres un comedor/a emocional.

De hecho, hacer frente a un episodio traumático de tu vida, como una muerte de un ser querido o una ruptura, o paliar tu ansiedad mediante la ingesta descontrolada de comid tiene nombre y apellidos clínicos, claro. A la primera de ellas se la denomina ‘obesidad psicógena reactiva’ y a la segunda ‘obesidad psicógena de desarrollo’. El origen y el mantenimiento de ese trastorno es psicológico y emocional, es decir, comes para tranquilizarte y la sensación que te produce el acto de alimentarte te resulta placentera.

“Las personas tenemos la tendencia a utilizar diferentes estrategias inadecuadas con el objetivo de disminuir rápido las sensaciones de ansiedad. Buscamos, a través de determinados comportamientos, liberarnos de ese malestar sin ser conscientes de que esos mismos comportamientos son los que nos hacen la zancadilla y hace que mantengamos nuestra ansiedad“, explica la psicóloga Pilar Conde.

Comemos por estrés y engordamos. Al vernos mal, perdemos nuestra autoestima, nos sentimos culpables y comemos todavía más. Comer algo que nos gusta nos aporta un refuerzo en nuestra maltrecha autoestima y, además, de manera inmediata. “Si la persona llega a percibir esto y lo asocia, puede empezar de manera progresiva a realizar mayor ingesta alimentaria. Una vez iniciado el proceso, es difícil romper el círculo vicioso”, sentencia la experta.

El problema viene cuando ese ‘hambre emocional’ se convierte en ‘trastorno por atracón’ o ‘trastorno de ingesta voraz’. Precisamente, el mismo fue reconocido por la Asociación Psiquiátrica Americana como el tercer trastorno del comportamiento alimentario más común, junto con la anorexia nerviosa y la bulimia. De hecho, se estima que entre el 20% y el 40% de los obesos lo han sufrido alguna vez en su vida. El hambre emocional se convierte en ingesta voraz cuando los alimentos que ingerimos contienen alrededor de 6.000 calorías.



“La persona siente falta de control sobre dicha ingesta, sin que después conlleve conductas compensatorios inapropiadas recurrentes como el vómito autoprovocado, uso de laxantes, diuréticos, el ayuno o el ejercicio excesivo”, desarrolla Conde. Y, ¿cómo puede tratarse estos trastornos? “Para afrontar los problemas de sobrepeso, la mejor alternativa son las intervenciones multicomponentes en las que varios profesionales intervienen junto a la persona a tratar“, confirma la psicóloga que añade que “dos profesionales clave son los nutricionistas y los psicólogos“.



A nivel psicológico, apunta Conde, se trabaja con diferentes estrategias y los mitos acerca de la alimentación, el físico y la gestión emocional. “Se usan herramientas y técnicas para disminuir la probabilidad de recurrir a los atracones. Después se aborda la regulación emocional, a través del control del impulso y de la modificación de los pensamientos irracionales. Se trabajan las fortalezas y la seguridad personal, así como otro tipo de instrumentos para los diferentes problemas derivados del sobrepeso”, afirma la psicóloga.

Por último, la psicóloga recuerda que las personas con exceso de peso se pueden llegar a sentir rechazadas socialmente, influyendo en sus ámbitos tanto personales así como en su desempeño laboral. Esta circunstancia puede “repercutir en una pérdida de
autoestima y una merma de seguridad en la vida diaria que fácilmente puede derivar en una depresión“. De la misma forma, una depresión puede variar en problemas de peso, incluido en trastornos de infrapeso, por lo que se cae en un círculo vicioso del que solo se puede caer de una manera: trabajando y controlando nuestras emociones

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Fuente:  Arantza de Castro (Código nuevo)



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